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Notas Sobre el Aprendizaje de una Lengua Extranjera

Por Maryanna Alexandra Iglesias Musick.

El aprendizaje de una lengua extranjera es en sí mismo un fenómeno sumamente interesante. Cuando aprendemos una lengua extranjera, nuestros cerebros experimentan un

proceso creativo mucho más complejo de lo que podemos pensar ab initio.

El maestro Jean Piaget dedicó parte de su obra a intentar explicar la manera en que nuestros cerebros adquieren el lenguaje. Sin embargo, aún en nuestros días, el funcionamiento del cerebro sigue siendo en gran medida un enigma, incluso para la comunidad científica. No obstante, es una premisa cada vez más aceptada que, a efectos de procurar un aprendizaje más significativo, conviene comprender el funcionamiento del entramado neuronal implicado en el proceso adquisitivo de conocimientos y ponerlo a servicio del mismo.

En palabras de Francisco Mora, doctor en Neurociencia y Medicina y autor de la obra “Neuroeducación”: “(…) intentar enseñar sin conocer cómo funciona el cerebro, es como intentar diseñar un guante sin nunca antes haber visto una mano (…)

Obcit.”.

Se ha determinado que en el intrincado engranaje cerebral, destinamos un espacio definido y autonómico, especialmente dispuesto para el nuevo idioma que se aprende. Esta área del cerebro que se desarrolla paulatinamente a lo largo del proceso del aprendizaje lingüístico computa, asimila y archiva cada memoria, construyendo así los componentes que permiten la expresión y la comprensión del nuevo idioma.

Los cinco sentidos juegan un papel fundamental en dicho proceso. En efecto, el autor citado ut  supra Francisco Mora, explica que la estimulación de los sentidos físicos permite generar un  aprendizaje más significativo a través de la asociación de registros o memorias visuales, auditivas, e incluso olfativas, gustativas o táctiles, obteniendo así un aprendizaje mucho más memorable.

Es decir, que aquel concepto que asociemos a un estímulo sensorial, perdurará mucho más en el tiempo.

Diversos estudios neurológicos han constatado que las memorias olfativas, en particular, son de mayor alcance en el tiempo. Los olores han fijado en nuestra memoria desde tiempos remotos recuerdos específicos, que se pueden fácilmente evocar al establecer la asociación con un concepto aprendido en el momento.

En nuestros días, estos significativos aportes de la Neurociencia a la educación, son aplicados con frecuencia en materia de enseñanza de una lengua extranjera o secundaria, obteniendo resultados cada vez más satisfactorios. En esta doble vía de aprendizaje y enseñanza de lenguas extranjeras – como estudiante y como docente –, he tenido la oportunidad de reflexionar sobre cómo adquirimos más eficazmente un idioma secundario, esto es, distinto al materno.

A todas luces, a tono con los estudios más avanzados de la Neurociencia, la técnica de la asociación luce más cónsona con el funcionamiento de nuestro cerebro y por mucho, es más efectiva que el método intuitivo de la traducción literal o taxativa.

En otras palabras, empleamos la «Asociación» en vez de traducir literalmente, toda vez que el idioma es un concepto multidimensional que amerita ser comprendido dentro de un

contexto global.

La frustración y el error más común en los estudiantes de una lengua extranjera, comúnmente deriva del uso indiscriminado de la traducción literal, que por lo general conduce a erróneas interpretaciones.

Situación que cristaliza la consabida anécdota del estudiante extranjero de ventipocos años que visita el país por primera vez, ávido de degustar la gastronomía ibérica y conectar con la cultura del idioma que ha decidido aprender por sí mismo, con un método autodidacta.

Escrutina la carta de un restaurante, hasta donde le permite su español incipiente, y finalmente se decanta por las sugerencias del chef. Las pide todas. Al terminar, se dispone a pedir la cuenta. Raudo, anticipándose al camarero, saca el traductor que se había descargado para el viaje e introduce los caracteres: ‘how’ seguido de ‘much’.

La aplicación traduce literalmente: «como mucho». Pronuncia las palabras textualmente, a lo que el camarero responde admirado: -«¡Hombre, sí que comes! Te has tomado un cocido, una ración de pulpo, una de entresijos más la tapa…».

Nuestro personaje, más allá de no comprender la situación ni la respuesta del camarero, acierta en su intento de aproximación a la cultura, que es una ventana al lenguaje; sin embargo, en nuestra opinión, abusa del recurso tecnológico y de la traducción literal como panacea de expresión/comprensión. Ciertamente, es válido hacerse de uno y otra como complementos de la enseñanza, pero manteniendo siempre en perspectiva la dimensión integral del objeto de estudio lingüístico.

En suma, comprender y aplicar el  funcionamiento del cerebro en función del aprendizaje de una lengua extranjera, desarrollar y alimentar un “cerebro español” para el estudiante de español; o inglés, francés, chino…respectivamente, aprender a pensar en el idioma con sus respectivas idiosincrasias propias de la cultura y estimular la memoria a través de los sentidos, en vez de traducir literalmente, luce como una estrategia mucho más sólida cuando de adquirir un nuevo idioma se trata.

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